Fernando Lancellotti’s Playground of the Absurd

Por Kate Stanworth

Sobre la pared de la galería Wussmann, el artista argentino Fernando Lancellotti proyecta en un loop infinito la sombra de un ratón que corretea en una rueda. Observar el vano intento del animal por llegar a algún lado mueve a compasión. ¿Será que es fácil identificarse con su suerte?
El ratón de Lancellotti tiene un paralelo mítico en el personaje griego de Sísifo, condenado por toda la eternidad a empujar hasta la cima de una colina una roca que luego volverá a caer. El escritor Albert Camus trazó paralelos entre la tediosa y vana labor de Sísifo y el trabajo en fábricas y oficinas de la vida moderna.
Ajeno a todo esto, el ratón parece sin embargo bastante contento de aceptar su banal tarea, y dado que Camus agregó que tal condición sólo se vuelve trágica cuando se es conciente de ella, nuestros sentimientos de compasión quizá no vengan al caso. Más aun, al no haber una jaula que lo contenga, sólo podemos concluir que el pequeño roedor ha aceptado alegre y voluntariamente su prisión eterna.
Si ahondáramos en las metáforas del absurdo sobre hombres y roedores (y es en la exploración de estas absurdas posibilidades donde halla su goce Lancellotti con su muestra de humor oscuro), podríamos recordar la proposición de Jean Paul Sartre de que los hombres, como el ratón, también eligen encarcelarse en costumbres inútiles antes que enfrentar cuestiones existenciales sobre el sentido de la vida. Sumergirse en una rutina inútil puede ser trágico, pero evita estar frente al miedo a lo desconocido.

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