Una intervencion que cuestiona el limite con lo real

Por Dolores Pruneda Paz

Buenos Aires, 13 de noviembre (Télam).- La intervención "Voyeur", dirigida por el artista Fernando Lancellotti, cuestiona los límites entre lo virtual y lo real y convierte a ocasionales espectadores en testigos de una escena de claro contenido sensual y erótico con un final insospechado.

Los actores María Villar y Leonel Elizondo recrean una perturbadora escena que, en pleno microcentro porteño, se distingue a la distancia; pero no termina de entenderse si es ficción o realidad.

Por la ventana de un hotel de alta categoría se ven las sombras de una pareja: brindan, se acarician, suena el teléfono, él se retira un momento y cuando vuelve algo anda mal, parece que ella lo espía. La escena toma un giro inesperado y lo siguiente que se distingue a través del ventanal del tercer piso del Reconquista Plaza es un forcejeo y sangre, mucha...

Esta acción, de la que nada saben los ocupantes del hotel ni la gente que -invitada por el artista- toma unos tragos en un bar de enfrente, sorprende por su carácter inesperado, una suerte de thriller que se repetirá las próximas noches en distintos sitios del centro porteño.

"Mi idea fue jugar con el impacto, que la gente se detenga a mirar. Lograr eso en un espacio tan desquiciado como el de las grandes urbes es un desafío: que el acto artístico tenga la potencia necesaria para sustraerte del adormecimiento con que uno se protege de la sobrecarga de información sonora y visual", postula a Télam Lancellotti.

Algo así como la contracara de los pueblos más pequeños -afirma el artista- donde la gente no pasa a formar parte de ese anonimato de las grandes urbes, pero a la vez, como no ocurren tantas cosas, un poco se aburre y comienza interesarse por la intimidad ajena, se intriga, se `voyeuriza´.

 Para su director, esta performance es algo así como "una película de cine mudo contemporáneo", con una dosis de suspenso e intriga propia del policial negro, y reminiscencias de películas como "Doble de cuerpo", "La ventana indiscreta" o "El inquilino".

 Se trata de la primera parte de la "Saga por ventanas" que Lancellotti realizará en oficinas, casas antiguas y espacios urbanos de distintos barrios porteños; y que anoche recreó en Tucumán 422.

 La puesta contó con los avatares y enredos propios del vivo: mientras en la terraza de Le Bar una balada de Glen Miller daba inicio a la escena que los presentes seguían con curioso interés, el caos tomaba el hotel.

 “Los actores veían los pies de un conserje por la hendija de la puerta, espiando, intentando escuchar qué pasaba en la habitación", reseña Lancellotti.

 La cualidad `voyeurista´ copó así la escena a uno y otro lado de la calle, y mientras el clima se enrarecía con un jazz de Yusef Lateef en la terraza del bar, en el primer piso un par de turistas hacían señas con gesto extrañado al encargado del restó para que salga a mirar lo que pasaba afuera en aquella habitación, la 306.

"El acto de voyeurismo tiene algo de virtualidad, uno está a la distancia sin que lo vean, participando de alguna manera de la escena que mira", dice Santiago Bengolea, titular del espacio virtual de arte RedGalería, donde está la información sobre el proyecto.

El juego en este caso es inverso, "la ventana (lo real) actúa como pantalla emulando una situación determinada, y es en ese punto que lo real se transforma en algo virtual. Se trata de dos planos que finalmente se encuentran pero en otro orden al que estamos habituados", señala Bengolea. (Télam) dpp-agf13/11/2009 09:55


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